jueves, marzo 01, 2012

Rímel en las ojeras

De esas mañanas ansiosas
días ansiosos
lo extraño todo, pero no tanto

Uñas de negro, una cadena en el cuello
besos en los cuartos de máquinas

Cigarros escondiéndose en el bolsillo más lejano
en la arruga más negra de nuestros morrales
huyendo

No se quieren quemar

Un ventilador blanco en un techo blanco
en una película independiente

Películas independientes que nos gustan
por las paredes y los muebles

Un delineador clavado en el corazón

De esas mañanas ansiosas
con lágrimas de rímel en las ojeras
lo extraño todo, bastante, tanto

Discos compactos rotos en el alma

De cuando hablábamos mal inglés

Cuando aprendíamos a tocar guitarra con el radio

Cuando nos dolían las vidas
con excusas suficientes

domingo, noviembre 20, 2011

Muertitos: el remake

Tendías a guardarte las palabras en el bolsillo, la mirada se te solía ir al carajo. Aprendiste a hablar con monosílabos y a partirme la vida. Se te ocurrió también agarrarte la mirada y mandarla al carajo, inseguro de si alguna vez volvería.

Aprendiste a dejarme acostado viendo la cortina, porque no quería voltear y encontrarme con la silla vacía, pero el sonido del teclado seguía, clac clac clac de un fantasmita. Aprendí a dormirme extrañándote en el mismo cuarto (y entonces soñé con Neo y con la Matrix).

Durante la noche cultivé un odio tuerto y desazonado. Para entonces no me había dado cuenta de que ya habías aprendido, hace días, a despertar a mi lado y no agarrarme el pene debajo de la sábana.

jueves, octubre 13, 2011

Muertitos bien

Estamos en frecuencias distintas, amor. Estamos muertos, muertitos bien. Hoy siento que se me devuelven mililitros de vida y no los quiero de regreso. Es que morimos separados, amorcito mío. Tú moriste cuando me besaste y te quitaste el sostén. Me duelen tus caras de muerta, y tu voz de muerta que no me dice nada cuando pregunto cosas, cosas absurdas, y cosas buenas y cosas malas también. Yo morí cuando dejaste de besarme, cuando supe que jamás me hablarías en muerto ni en inglés. Ya me amó un fantasma, una hombra loba, y la muerta, tú, también. Morí cuando dejaste de responderme y se te fue la mirada al carajo. Fue cuando te metiste las palabras en el bolsillo del pantalón y me diste las pistas, con lágrimas y saliva, de lo que estoy escribiendo hoy. Estamos muertitos bien.

lunes, agosto 22, 2011

Transgresión de Jorgito Hanfbänkf

Soy Madero y vivo en Colombia. Fui la última persona que habló por chat con Jorgito Hanfbänkf. Lo sé porque al final me dijo eres la última persona que chateará con Jorgito Hanfbänkf. Le gustaba hablar de sí mismo en tercera persona. Me dio su clave y cerró sesión. Creo que se fue a vivir a otro país y creo que también se cambió el nombre.

Mire, señor policía, señor oficial. Señor. Yo no sé qué pasó, yo no conocía a Jorgito Hanfbänkf. Sí conocía a Anita, pero yo no sé quién fue quien mató a Anita. Lo tenía en mi mesinyer porque cuando Anita le dijo que sí se conectó y me dijo agrega a mi novio agrégalo y mañana salimos los tres. De igual manera nunca salimos los tres, yo estaba muy celoso.

Jorgito amaba su ciudad, amaba irse al estadio y poner un trapo que decía ANITA ANITA cuando el Caracas metía gol. Jorgito amaba La Candelaria y meterse al Museo Sacro y adivinar los fantasmas, sobre todo sus fantasmas. Amaba a Anita y todo lo que ella era, pero creo que nunca lo supo hacer bien. No, señor, yo no conocí a Jorgito Hanfbänkf. Me sé todo eso porque él me lo dijo por chat ¿ve? Por chat.

Como muchos yo también extraño a Anita, creo que nunca me voy a desenamorar de ella. Mire, yo aquí imprimí la conversación con Jorgito Hanfbänkf. Él nada más dijo hola y yo hola y él comenzó a escribir mucho y nunca me dejó responder.

Anita me dejó, mañana voy a su casa a ver si me habla. La cagué por última vez, me dijo "¿estás seguro?" y yo le dije que sí, y ella "Jorgito, yo soy un palo de mujer", pero no le presté mucha atención y le iba a terminar, ya ni recuerdo por qué, pero se me adelantó y me mandó a comprarme un jabón azul. A ella no le gusta que le ganen, siempre se adelanta. Me voy a bañar.

Y ahí se fue y volvió al rato, al ratote, volvió en la noche. Yo me quedé en la compu todo el tiempo viendo videítos y fotos. Fotos de Anita. Metido en el tuiter de Anita. Ay, creo que me da un yeyo, señor. Deme agua, y un cigarro. Bueno sí, volvió en la noche, pero creo que no se bañó.

Mañana voy a su casa a ver si me habla.

No lo vi conectado en una semana y pico. El fin pasado volvió y me dijo hola y yo hola y no me dejó responder.

Fui a ver si me hablaba y no me quiso hablar. Lloraba por los ojos y la boca, por la nariz y por el pelo y por la frente, lloraba por todos lados y me gritó y me tiró la puerta en la cara. Me quedé algunos minutos sentado afuera del penthouse, ella no salió. Ese día jugaba el Caracas, no fui. Frente a su edificio hay una construcción, unas oficinas. Una vez me subí a una construcción y tiré una bolsa por una ventana. Creo que ya no me ama. Quisiera morderle una oreja y besarle los ojos. Iba caminando por la avenida y, de todos los carros que venían, una camioneta llevaba la luz de cruce derecha encendida como diciendo "voy a pisar a este", pero siguió de largo y me dejó con una decepción del tamaño del mundo.

No me vine a casa, ni al estadio, ni fui a la universidad. No sé qué esperé pero esperé y ya eran las nueve. Pensé en matarm- ¡parce! ¡No me interrumpa así! ¿Qué le pasa? ¿No ve que le estoy dando una declaración? ¿Pa' dónde se fue Jorgito Hanfbänkf? No sé, creo que a Cali, sí, sí, se cambió el nombre, algo con Ramita, Rama, Palito, Palero, algo, sigo, dónde iba, pensé, pensé, ajá pensé en matarme, tenía unas hojillas en el baño, pero me daba flojera devolverme a mi casa, además, las cicatrices son muy costosas...

Aquella noche me metí al bloque de oficinas que estaban construyendo, subí las escalares del edificio vacío, y tras interminables minutos llegué a la azotea. Entonces vi a Anita salirse de su ventana, y la vi no verse más. Me encaramé a la cornisa, un viento gélido me azotó el cuerpo, haciéndome tiritar. Miré hacia abajo. Definitivamente hacía demasiado frío para suicidarse.

jueves, agosto 18, 2011

Sables

Soy cansable, inalcanzable
soy gramaticalmente terco

Estoy hecho de cuchillos
de metales que se me oxidan

Y se me oxidan cuando afliges
y te afliges

Soy incansable, alcanzable
soy un sable cuando te me cruzas en la perimetral

Estoy hecho de perimetrales
de avenidas que se oxidan

Y se me oxidan cuando me apareces
y me afliges

Soy un sable
uno que ya no sabe enterrarse
ni enterrarte

miércoles, agosto 10, 2011

La lanza de Longinus

Sofía puso su música que aturde y que no me gusta. Pensé en la inmensidad de la Fajardo, y en el rojo de su carro, en los tatuajes que nunca me haré, escapando de su música fea y estúpida. Se suponía que íbamos a vernos con Arturo en algún sitio de Los Palos Grandes. Ella me habló de lo que me hablaba todo el tiempo, del amor largo como una anaconda, de la inteligencia seductora, de las caricias mortales y los besos tibios, de la elocuencia de su discurso, de su cuerpo hermoso que sube El Ávila, de la electricidad cuando se tocan, y por supuesto todo tenía que ver con Arturo, yo ya no quería escuchar más, entonces aproveché su concentración de conductora y miré su escote azul y sus piernas que salían de una falda de quién sabe qué color, y todo el ruido se enmudeció, y las publicidades de la Fajardo se volvieron blancas. Tuve una erección.

Sofía hablaba de lo difícil que era tratar con él fuera de las caricias moribundas y el sexo rojo y febril. Era un exceso, la existencia de Arturo era un exceso que los arrastraba a todos, a él, a Sofía, a los fantasmas. Cuántas veces tuve que secarle los lagrimones a Sofía, que Arturo no le atendía, que Arturo no se conectaba, que Arturo no la llamaba, que Arturo Arturo Arturo. Pero hemos de comprender que Sofía es una niña que no entiende la libertad perversa de los machos, macho cabrío Arturo, con cuernos y olor a azufre. Sofía no entiende lo que impulsa el alma de los hombres libres y estúpidos y condenados como Arturo. Arturo es de esos que al parecer no les importa nada, aman y se apasionan, se desvanecen en forma de cicatriz, y el mundo de algunos se convierte en una pelota de carne muerta.

Dificultad. Alcanzamos una cola a la altura del CCCT, ella aprovechó para llamarlo, él dijo que ya no se verían en Los Palos Grandes, que iría a la proyección de un cortometraje de unos amigos, que quería que Sofía fuera, pero Sofía también se encontraría con sus amigos, la idea era que todos hicieran algo. La dicotomía pueril se superpuso y tomó la batuta ardiente de esta situación situada en el sitio más sutil: la cola, la cola de la autopista, caracterizada por enaltecer las emociones (las feas) humanas.

Sofía dijo que llamaría luego y entonces trancó y se volvió hacía mí, la cola no avanzaba, no sabía qué hacer, no sabía si ir con Arturo y no provocar una guerra nuclear, o si ver a sus amigos, o si desmayarse ahí mismo. Le dije que Arturo no la quería mientras le veía las tetas. Que Arturo la mandaba a hacer lo que a él le diera la gana, le dije muchas cosas malas de Arturo, que no eran falsas pero que me ayudaban a escapar de esta estúpida escaramuza wongkarwaística. Ella lo entendía todo, pero el demonio enamorado que llevaba por dentro no. Por un instante las publicidades blancas y el ruido sordo universal fueron extrañados por mi fea persona, con la excusa de no sentirme tan patán por movilizar esta cruzada contra almas ajenas y falsamente unidas. Palabrerías, simplemente eran un sucio hijo de puta queriéndome salir con la mía.

Al tipo de hombres en el que Arturo y yo encajamos se le otorga dos títulos: misóginos e hijos de puta, yo prefiero los polisílabos. Otrora, mi delicado pensamiento curtido y claustrofóbico me hubiese impulsado a huir, desistir y ser derrotado por el arrepentimiento, pero esta vez no, la vejez de los 22 me permitió ser más estúpido y mitómano que de costumbre, por lo que decidí aventurarme a las despiadadas aguas del desamor colectivo. Palabrerías, quería joderlo todo.

Elemento horrible desencadenante. Arturo llamó, Sofía dijo que su compromiso estaba hecho y no podía plantar a los chicosmuchachosboys, acto seguido escuché los gritos de R2D2 por el fono y se me prensaron los pelos del culo: sentí la distimia de Sofía comenzando a correr por sus gusanos del tiempo. La música que aturdía seguía y pues, como el buen hombre que soy, dejé que siguiera para que entorpeciera la situación. Brillante idea.

Escapismo. Bunbury dice que el escapismo es un arte. Mi abuela dice que yo no tengo sentimientos buenos, que son marrones y huelen a mierda, que están enredados y son bastante mefistofélicos. Palabrerías, dice que soy un hijo de puta.

Punto de giro hijo de puta. Sofía puso el teléfono en altavoz y enseguida --o me llames más no quiero saber nada vete a tu vaina y yo a la mía y chao, no no nada no me digas nada- tu tu tu tuuuuuu. Cuelga. Sofía, como dije antes, es una niña que no entiende nada, aunque siempre estuvo clara de mis intenciones, que eran las de chuparle las tetas y darle nalgadas en su casa, con la justa esperanza de lamerla toda. Ella comenzó a llorar, a llorar chillón y feo como un puerco con hemorroides malas, por un segundo me secuestró la pena y me sentí afligido, pero pensé en publicidades blancas y la calma volvió coja.

Sofía siguió llorándole al volante y por fin la cola se movió, ella comenzó a conducir lentamente, mientras moqueaba y yo olía su aliento a llanto. Babeando el volante siguió conduciendo feo y de repente haló le freno de mano y se tiro a llorar como nunca, un ataque de pánico sobre mí, la abracé, porque a pesar de mis hijoputadas, la quiero, y también la deseo, la abracé y no dije nada, pues no había nada qué decir, nada que pudiera murmurarle a su alma inquieta y quebrada, nada que pudiera escribirse en una hoja de sus arterias y que mitigara el dolor que el infierno le imbuía en sus sienes, ese dolor caliente del llanto sincero que quema en las sienes y que nos ofusca las miradas, que nos enajena las lágrimas y nos amarra los intestinos.

Es un hijo de puta eso lo sé bien, le dije. ¡LO AMO LO AMO! NO PUEDO ESTAR SIN ÉL. No, claro que puedes estar sin él, no lo necesitas para sobrevivir ni para colorearte los glóbulos de tu sangre hermosa, ni para abrir los párpados en las mañanas caraqueñas. Dije cosas así, que se dicen cuando uno está firme y un poco sobrio, pero dije cosas que ni yo mismo entendía, yo, que tantas veces morí por el amor de mujeres que han ido acabando con mis vidas, que ya llevo muchas muertas, y que ahora me otorgan más vidas que una quimera de gatos monteses.

Le levanté la carita mojada y hedionda y le besé la frente, le dije burocráticamente que no lo necesitaba, que tenía gente quien la amaba, pero tanto yo como los conductores que tocaban cornetas detrás de nosotros sabían (aunque ellos no se enteraran de lo que ocurría ahí) que el dolor ácido del desamor no puede consolarse con una dosis eterna de otros amores.

Mecánica del ácido. El desamor se filtra en los tejidos y te sulfura todos los días, te infecta la realidad y te pudre el corazón. Un día te sientas a comer y reconoces que tienes el cerebro descompuesto y el alma vencida, y luego del almuerzo de algún mes venidero vas a cagar y se te salen los ácidos, y renaces como un fénix vicioso y hostil, con el negro inyectado en los vasos y los nueve círculos de infierno rotando en el eje de tu psique, y aunque no creas en el infierno, parece el lugar más cómodo.

Sofía lloró mucho más, me pidió que manejara, pero yo no sabía manejar sincrónico. Le mencioné que no me importaba permanecer allí trancando el tráfico de Caracas, le revolví el cabello y le di una minicachetada cariñosa, pero ni me di cuenta cuando ya me había bajado el cierre y comenzaba a lamerme el pene, moviendo con la punta de su lengua mi frenillo y mi glande, llenándome la pelvis de lágrimas y mocos, yo clavando mi lanza en su paladar y en sus encías. Y burp burp, cascada blanca de soledad saliendo de mí entrando en ella, cubriendo de porcelana malvada los ácidos y los tejidos de Sofía.

Quedé ahí, petro, como un animal triste, así como dice Liendo, alimentándome de su mirada y del sopor temporal de una miseria, una miseria compartida de autopista. Pero ella reventó a llorar y lo último que quedaba de mis vidas félidas se volvió un homúnculo de sangre y semen, cubriendo mi frágil pensamiento, sabiendo que nadie en la Fajardo ni en el mundo podría entender el infierno que se encendió, para siempre, en el alma vencida de Sofía. Las almas vencidas, que desgraciadamente estarán desincronizadas hasta que muera la última lanza de Longinus.

domingo, junio 26, 2011

Crayones de anhedonia.

Mi dibujo te lo dejé, lo puedes firmar por "María Cremosa Clonac". El dibujo te lo dejé en la mesita, la que yo quiero que me regales. ¿Me la vas a regalar? Bueno ya sé que tengo que esperar. Quisiera dibujar bien, servir para dibujar, quiero dibujar un cosmos y un planeta cuadrado. Hay veces que quiero dibujar en tu piel con marcadores fríos y que nos riamos los dos, que me des un beso en la oreja y que luego nos metamos a bañar, y me chupes el agua del cabello, y nos miremos a los ojos y bajemos la cabeza al mismo tiempo para que no nos entre champú en los ojos. Pienso ¿qué estás haciendo con tu vida? Deberías ser músico y tal, aunque tú también piensas como yo, como yo pienso con el dibujo, que no sirves para eso y por ende no lo haces siempre. Mi dibujo te lo dejé en la mesita, baby, baby, te amo, baby baby baby. Voy a trancar, voy a ir a desnudarme y a llorar sobre mis tetas.

lunes, mayo 30, 2011

H

Estuve los últimos momentos de mi vida pinchándome heroína para sentirme como un maldito feto, flotando en aceite, en la intentona de revivir, y entonces la vi irse, se me dobló el alma y me inyecté otro poco, después mi brazo no sintió el tacto jamás y no pude flotar en aceite, ni mucho menos en la saliva de su boca perpetua que me había mordido. Que me había mordido la vida y luego me había abandonado.

domingo, mayo 22, 2011

Cuatro dimensiones tuyas

Esperé tanto por ti, que juré que me vendrías muda
impersonal y absoluta muda
que me vendrías en forma de libro
de película, de poema o fotografía

Juré que me vendrías en forma de sueño
y que despertaría llorando sin entender nada

Esperé y juré y me viniste en forma de ti
rasguñándome el alma con tus uñas imposibles
besándome los dedos con tus labios infinitos
mirándome con tus ojos de galaxia que paralizan todos mis relojes

domingo, mayo 15, 2011

Los lápices de Átropos

Tenía mi vida saturada por el peso de la realidad. Pisada por la realidad. Por el pupitre de Irina a dos pupitres del mío, por su bello cuello descubierto del lado izquierdo, por su pierna izquierda cruzada, por sus borras de dibujitos y animales, por su olor a jazmín, por sus ojos torciéndose desde mí hasta su cuaderno, por su discman a todo volumen cuando le hablaba, por su falta de cualquier sentimiento humano. Tenía toda mi existencia pisada por la realidad. Y una vez, mientras la enfrentaba, le explotó la cabeza a la primera persona. A mí se me explotaron las ganas de entender la vida.

Vergación primo qué coñiza la que se va armar con los de quinto, me decía Poli en el autobús. Poli, deja de hablar como maracucho, tú no eres maracucho. Bueno pero para la pelea tengo que parecer arrecho, si hablo como maracucho parezco arrecho ¿no veis? Claro que no veis, dejá de pensá en la jeva esa hermano que esa jeva ni pendiente. Yo sé Poli, pero cállate.

La pelea de cuarto contra quinto año, la cúspide de la estupidez masculina. Poli quería convencerme de participar, que con eso sorprendería a Irina. Yo no quería nada de eso, yo quería que ella volteara y me diera los buenos días, que cuando le pidiera prestado un lápiz no me diera el más chiquito que tenía, como ayer, que le pedí prestado un lápiz y me dio el más chiquito que tenía. Yo quería que Poli no se sentara a mi lado en el autobús algún día, que dejara de hablar, tampoco quería que César lo hiciera, pero porque él nunca me habla y sólo me hace caso a todo lo que le digo, quería que Irina se sentara a mi lado esa vez, que compartiera sus audífonos conmigo, aunque no me gustara Zapato 3. Nada de eso pasaba, no pasaría tampoco.

A Poli lo castigaron la semana de la pelea, y en vez de ir a clases se iba a jugar futbolito a la UCV, dejándome solo con César. A César lo quería mucho, siempre estaba conmigo y siempre me escuchaba, lo único que le oí decir esa semana fue que él no dejaría que nadie me hiciera daño, porque siempre fuimos amigos, que nadie me haría daño, y le dije que estaba bien. Y más nunca lo oí hablar. César era alto y muy fuerte, una vez me defendió en noveno y luego fuimos siempre amigos. Seguramente él iba a ir a la pelea si yo iba.

En clase de Inglés me quedé sin minas, y le pedí un lápiz a César, y él me dio el que estaba usando, recién afilado y con la borra nueva. Después lo vi sacar uno chiquito y mordido de su cartuchera. Irina respondió el ejercicio rapidísimo y le pidió permiso a la profesora para irse, y se fue y se me secaron los ojos cuando el último hilo de su cabello salió por la puerta. Pedí permiso para ir al baño y bajé rápido, sus medias blanquísimas ya estaban saliendo del liceo y no pude hacer más sino suspirar y mirar cómo se le caía el lápiz grande del bolso, fui y lo tomé y en la tarde quise llorar.

Era viernes, el día de la pelea, y Poli volvió a clases. A mediodía se canceló todo, los de quinto tenían labor social. El lunes dijeron que la pelea sería a final del tercer lapso.

Tenía mi vida pisada por la realidad, por las canciones del discman de Irina que jamás iba a escuchar, por sus medias blancas abandonándome los ojos, por su espalda todos los días delante de mí, por el lápiz grande que nunca le devolvería.

Terminó el primer lapso y fuimos a la pelea, el hermano de Irina iba a pelear, y yo creía que la vería allí, y la vi y tuve que pelear obligatoriamente. Llevé el lápiz y también el lápiz de César que olvidé regresarle, y nadie peleó hasta las tres de la tarde cuando todo el mundo llegó, y hasta público había. La pelea fue en la parte de atrás del liceo, que estaba cerrada por una invasión de ratas. Creo que asustamos a todas las ratas porque sólo vi cuatro, dos vivas y dos muertas.

Cuando todos empezaron a pelearse me dio miedo y me quedé sentado un momento, y César se me quedó al lado, le pregunté por qué no iba y me dijo que me iba a proteger. A Poli ya le habían roto la nariz y ya había dejado de hablar maracucho. Irina estaba sola viendo todo, sentada escuchando su música. Metí mi mano en el bolsillo interno de mi chaqueta para asegurarme de que ambos lápices seguían ahí, sentí el grafito rasguñándome la punta del dedo y le di el suyo a César.

Yo no quería pelear, pero entré con el miedo comiéndome la mente. Y entré y me partieron la nariz también, pero a nadie pude pegarle. ¿Qué hacía yo allí mutilándome? ¿Qué hacíamos todos aquí? ¿Buscándole un sentido a los músculos machos? ¿Saciando la sed de sangre? ¿Alimentando la anarquía de nuestra juventud? Aquello ni siquiera calmaba mis ganas de entender la vida.

Sacudiéndome la sangre de la nariz y gritando por el horrible dolor vi borrosa la cara del hermano de Irina acercándose a mí, mirándome como una máquina mortal, apuntándome sin razón, yendo por mí y por mis glóbulos y mi hierro, en cámara medio lenta, borroso como la noche de un miope. César se zafó de los brazos de un quintino y corrió hacia mí y lo vi venir, Irina se paró con la boca abierta y avanzó hacia nosotros.

Estaba yo interpretando al núcleo horrible de una danza de mortandades. No sabía qué hacer, por lo que me quedé ahí agachado y mirándolos a los tres, queriendo evitar la golpiza que me iba a dar el hermano de Irina, queriendo frenar a César, queriendo devolverle su lápiz a Irina y decirle que la quería. Tenía mi existencia pisada por el peso pesado de la más cruda realidad, cruda e ininteligible. Vi el puño oscuro del hermano llegando a mi cara, y a César tomar su lápiz y apuntarlo en dirección al hermano, y la mano estirada de Irina boquiabierta tratando de alcanzar a uno de nosotros, y me emocioné y la quise más y juré que corría hacia mí y que me abrazaría y me diría cientos de tequieros.

Escuché un ruido seco y cuando todos volteamos la cabeza de Poli explotó, y casi todos corrieron y sentí que el infierno me halaba por debajo. Entonces vi la inercia materializada y al puño del hermano llegando a mí, él miraba a la cabeza explotada de Poli y su puño viajaba solo.

Los zapatos de Irina resbalaron y la vi viniendo en contrapicado, pero escuché un desplome y miré a Poli cayendo sobre César, pero él, fuerte y grande se sostuvo un poco y por fin llegó hasta mí, y escuché un quejido sordo y vi el lápiz de César dentro del cuello de Irina y la mano de ella agarrando la de su hermano, y entonces ella cayó sobre mí, me sangró completo y sentí un dolor horrible en el corazón, y supe que así dolía el amor. La vi moribunda sobre mí con su mano aferrada a la de su hermano, y a su hermano con la cara blanca, y a César con la cara blanca, y la aguja en mi corazón dolió más. Sentía que me moría y quise darle su lápiz a Irina. Cuando lo alcancé sólo encontré la borra fuera de mi bolsillo, y todo el resto del lápiz dentro de algo que parecía mío, que borbotaba algo caliente.

Fue entonces cuando el peso de la realidad me abandonó y pude abrazar a Irina y escuchar la música que venía de sus audífonos desarmados. Fue doliéndome más el corazón y ella no respiró más nunca, y sus medías seguían blanquísimas y su cuello aun perforado seguía hermoso, y dejé de tener su espalda siempre frente a mí, besándola en sus labios fríos mientras me dejaba de doler el amor, y yo tampoco pude respirar más nunca cuando me desperté e Irina no existía.

martes, mayo 10, 2011

Cuando tus gatos no me quieren

Salir a la calle con dos zapatos derechos puestos y sin bañarse no importa tanto como salir al mundo sin tu mano en mi codo o en mi meñique. Sacarme el casco en Marte es cualquier cosa frente a no querer desnudarme si no estás. Existir sólo existe cuando me tocas la clavícula y las patillas. Existir sólo existe cuando me tuerces los ojos y me duele el esófago, cuando me dices que te gusto y todavía es verdad, cuando se te va cayendo el tinte del pelo y cruzo mi peine de las manos por la autopista que se marca en tu cabeza, cuando me abres la puerta y sonríes con la mitad de tu boca y yo te la beso toda, cuando me dejas besarte los pies y no importa nada, cuando te molestas y me da miedo, cuando me huele a jazmín y me acuerdo de mi niñez y también de ti, cuando se marchita luego y se me mueren los sueños, cuando te espero seis días y se me tuerce algo por dentro, cuando la gente me habla mientras te escribo, cuando te pienso y me pareces de mentira, cuando te veo y te vuelves irresistiblemente real, cuando tus gatos no me quieren, cuando te ríes con varias voces, cuando me llamas al teléfono y suenas a universo, cuando me tocas la cara y me matas, cuando te lloro y se me calienta el cuello, cuando contrastamos al espejo, cuando te encuadro y te obturo y te diafragmo, cuando te me apareces roja desde lejos, cuando te quejas, cuando eres terca y preciosa, cuando tus ojos me tiñen de miel, cuando huelo tu piel de Vía Láctea y cuando existes existo de verdad. Vivo cuando respiro y me late el corazón, como una planta humana. Sólo existo cuando me preguntas qué ponerte, cuando te tengo y soy un sistema solar, cuando no me duele el jazmín y entiendo que te vas.

jueves, mayo 05, 2011

La boca y la combustión

Cuando Arturo dijo que quería hacerme el amor no pensé dos veces en decirle que sí, pero no se lo dije. Le dije que sí luego, después de siete días cuando no pude aguantar más y no quería seguir masturbándome. Me dolía el clítoris y también quería llorar. Arturo es mi amigo pero yo siempre quise ser su novia, y cuando me dijo aquello opté por morir un poco. Algún día luego de los siete otros días vino a mi casa y mis abuelos salieron, por coincidencia, a hacer mercado. No subimos al cuarto porque lo tenía muy desordenado así que decidí por su cuerpo en la alfombra. Cuando me atacó con su sable pasaron veinte minutos y lo miré mirando nada. Sus ojos estaban fijos en mí pero estaban fijos en otro universo, él no me quería. No pude evitar hablar en voz alta. La amistad es un cigarro que cuando se acaba te quema la boca, dije. Yo soy un cigarro que se quema y acaba en tu boca, dijo él.

miércoles, marzo 09, 2011

La quijada rota

Para un hombre dudar es feo y no se siente muy bien. Alucinar es doblemente feo y desesperante. Tener miedo es, pues, feo e indeseable.

Pensar, por otro lado, es en creces siniestro y horripilante.

Me encontraba yo con el culo en el pupitre y las uñas metidas en la quijada, con una pose filosófica de mierda e innecesaria. Me hubiera gustado dudar bastante y tener mucho miedo y temblar, pero uno no se agarra la quijada en esas situaciones.

Alguna vez leí algo sobre pupitres de mierda y condena y salones que huelen mal o algo desgraciado en un salón o-- en fin, bastante desgraciada mi suerte o karma o destino o misticidad tonta que tenía ahí, pensando puerilmente.

Cuántas veces te oí decir que habías vuelto, aunque sólo habrían pasado dos días, y mi cabeza rebosaba de hevueltos y yaestoyaquíes. Me ataca la realidad y me clava sus garras. Claro que no has vuelto y no volverás.

Quisiera cambiarme de asiento pero no puedo, y no tengo cigarros ni curda.

Por supuesto que un paralítico no puede mover las piernas, y ciertamente no quiero esforzarme diabólicamente en bajar cuatro pisos de este edificio sin electricidad. Todo está claro.

La luz del sol me abre los párpados y miro por la ventana, a propósito para recordarte. Vas de manos con ella y los demás con ustedes, van corriendo. Me imagino el cliché pero tú no volteas a mirarme ¿cuándo realmente me amaste? ¿Cuándo comenzaste a hacerle caso? Este cuarto está asquerosamente iluminado y también todo afuera, y los veo llegar, por montones. Cientos y cientos, vienen con sus alaridos y sus pieles rotas y su olor a mierda.

Unos arrastran las entrañas, algunos arrastran miembros rotos, de la misma manera en la quisiera arrastrarme yo hasta ti. ¿Mi cuerpo medio muerto será suficiente? ¿Al menos sirvo para ellos? ¿Qué coño pienso? Veo la pistola y es difícil alcanzarla, pero si me arrastro... Me caigo y la tengo en mi mano. ¡Me partí la mandíbula!

Apunto, aprieto el gatillo y no hay balas en la recámara. Te fuiste y me dejaste con una pistola vacía, sin munición para matarme antes que ellos a mí.

Maldita sea. Pensar es en creces lo más siniestro y horripilante.

2468

Me comí sólo la cuarta parte, y la boca: dormida. No vi mucho, todos se reían ahogados y todos estábamos bien, viéndonos y sonriendo. Todo daba risa, el Negro caminando descalzo, Ramoncito bailando tango escuchando blues, Cuatribolo comiéndose todo. La boca dormida, sí... entumecida y lisérgica, la de ellos también estaba así (lo supe luego). No vi mucho, sólo sombras de patas de animales, muchas luces y sombras de patas de animales. Todo era muy hermoso. Me quitó el sueño, el hambre y las ganas de morir.

Lo supe luego: todas las bocas dormidas. Hoy quiero llorar mucho y lo intento pero no sale ni con quemaduras de cigarro. Esta vez no me comí ni la cuarta parte, no me comí nada, ni un poco. Me doy cuenta del televisor en mute y siento el hambre y el cansancio. No quiero comerme un cuarto ni escuchar blues, quiero llorar y morirme sentado.

lunes, enero 31, 2011

Condena y desgracia II

Domingo: ...fuimos todos a tener sexo.

Nos desnudamos entre los tres y nos besamos intensamente por mucho tiempo, nos tocamos y nos olimos. Arturo tomó a Diana y la penetró casi en todas las posiciones imaginables. Ambos acabaron, y yo me sostenía el pene flácido y muerto, sin haberme dado cuenta de mi no-erección, y, mucho menos, de que no me habían hecho parte de su paroxismo.

Así siguieron, dejándome de lado. Y yo volví a ser un hombrecito solo, sentado en la mesa de la condena, besando los restos de otra boca y comiendo de la piel muerta de la incertidumbre, compartiéndola con los caníbales, y con los fantasmas, aquellos de mi cocina mental.

Un día Arturo me llamó y me dijo que sus padres no estarían por el fin de semana. Entendí enseguida. Ropas fuera. Lenguas afuera. Lenguas adentro. Penes afuera. PENE adentro. Gritos afuera. Fuego adentro. Sudor afuera. Calor adentro. Yo, afuera.

La incertidumbre me arrolló con su mole de sombras y pellejos. La carroña en mí olía hasta afuera, sobre mi piel, con seis días sin ducha ni pasta dental. Así, así de mal olía también su voz, lanzándome maldiciones en los sueños, y yo sin saber a quien pertenecía esa voz.

Una vez Arturo tuvo que viajar un fin de semana con sus papás. Fui a casa de Diana. Y por primera y única vez no estuve viendo, como si ellos fueran un televisor. Ropas fuera. Lenguas afuera. Lenguas dentro. Pene afuera. Mi pene adentro. Gritos afuera. Yo, adentro.

Diana y yo lo hicimos de nuevo el domingo, en su casa. Al momento de los gritos llegó Arturo, y así como llegó se fue, silencioso y gris.

Diana fue apartándome cada vez más, y así volvía yo sentarme en la mesa de la condena.

Me encontré con Diana de casualidad, estaba haciendo mercado. Ella nunca me ignoró. La esperé en la salida. Me dio un beso y se fue.

La llamé hartas veces, reventé su celular. Le escribí millones de mensajes, nunca respondió. Yo comencé a llorar cada vez que podía, hasta que no pude hacerlo más, y me sentía ahogado en sal. ¿Será esto lo que sienten las chicharras cuando cantan llamando a las hembras? Cuando luego explotan y el eco de su canto queda ínfimo y efímero entre las ramas.

Arturo no me habla. He intentado llamarlo, pero cambió de número.

Tuve la suerte de verlos en la plaza de Ciencias de la UCV. Él la tomó de la mano y la llevó a un salón. Emocionado los seguí y entré al salón, y sólo vi el filo brillante saliendo del estómago de Diana.

Un mes después Arturo me dijo que me quería, pero que no nos veríamos más nunca.

Hoy estoy en el mismo salón de aquella vez, sentado en un pupitre mirando fijo hacia la pared. Escucho tres pasos y veo a Diana que entra y me dice que en el salón de la desgracia hay más pupitres de condena donde sentarse.

Condena y desgracia I

Yo ya no soy tan dramático como antes, no como cuando tenía 13 o 14, aunque siempre he sabido que soy un hombrecito con un puesto reservado en la mesa de la condena, en el restaurante de la desgracia. Mas aún, soy un hombrecito con un plato para llevar hecho en una cocina de caníbales y fantasmas.

Pero Arturo y yo no estábamos en la mesa de la condena. Sí en su carro, comiéndonos dos sundaes. Escuchábamos salsa vieja. En un intento fallido por comer un poco de mi deliciosa mezcla láctea con dulce de leche la cucharilla se me fue de las manos, manchando la alfombra del copiloto. Encendí la luz para poder ver, y cuando tomo la cucharilla y subo la mirada, me encuentro con el rostro de Arturo manchado con sirop de fresa. Con su nariz roja y dulce me pregunta si he encontrado la cucharilla, a lo que respondo asintiendo con la cabeza.

Me pregunto si todas las manchas rojas terminan por cobrar aptitudes clarividentes. Manchas rojas, con un puesto en la mesa de la condena. Aquella que reservamos desde el primer error, o simplemente aquella que se nos otorga desde el nacimiento.

Diana es la novia de Arturo. Diana conoce a Arturo desde que ambos iban a primer grado en el Arismedi. Yo conozco a Arturo desde toda la vida, somos vecinos. Yo conozco a Diana desde primer grado también, pero ella me conoce a mí desde tercero (mas bien, se permitió conocerme desde tercero). Yo también estaba en el Arismedi.

En el cumpleaños de Diana me la pasé solo, no porque fuera un maldito perdedor con un puesto reservado en la mesa de la condena, sino porque era un maldito hombrecito sin ganas de estar con nadie, pero también con un puesto reservado en la mesa de la condena. Me tomé todas las botellas de sangría, y Arturo me lo reclamó, pero al día siguiente, luego de acostarme en la cama de sus papás.

Durante toda la semana antepasada sentí la aspereza insoportable de verlos tomados de las putas manos, besándose en las putas bocas y mirándose con putos ojitos de cariño.

La semana pasada, en cambio, Arturo cayó enfermo con neumonía, así que no tuve que soportar todo lo que ya había tenido que soportar. Invertí mi tiempo en admirar a Diana. Ella no era perfecta, siempre hacía algún gesto horrible al hablar, o al reírse, pero a mí no me gustaban sus gestos, a mí me gustaba ella.

El viernes de esa semana fuimos a tomarnos algo al cafetín del Arismendi, mientras ella esperaba a que su primito saliera de clases. Hablamos de mil especies distintas de puras y meras estupiedeces. Yo me hacía el gran oyente, pero asentía frenéticamente sólo para verla mover sus labios.

La acompañé a su casa, para asegurarme de que llegara bien.

El sábado quedamos en vernos en la plaza de Ciencias de la UCV. Discutimos un poco sobre cuál tema debíamos elegir para el informe de Termodinámica, y yo la dejé decidir. Al momento de irnos comencé a sentirme mal. Con su suave y maldita mano me tocó la frente y me aseguró que estaba quebrantado, y yo no pude resistir su tacto y la besé en sus putos labios, los mismos que besaban a Arturo casi todos los días. No diré lo que pasó después.

Domingo: Arturo se curó, fue a casa de Diana y nos vio besándonos.
Lunes: No nos hablamos, ni él a ella ni yo a ellos ni nadie entre sí.
Jueves: Arturo y Diana están de manos. Diana y yo estamos de Manos. Diana va en el medio.
Viernes: Arturo es novio de Diana. Yo estoy enamorado de Diana. Arturo gusta de mí.
Sábado: No sé cómo ha pasado, pero a mí me gusta Arturo también.
Domingo: Vimos dos películas y fuimos todos a tener sexo.

Lunes: Ya no estoy solo en la mesa de la condena.
Martes: Hoy no abre el restaurante de la desgracia.


martes, enero 18, 2011

Chen

Chen ¿qué debo hacer? Le pregunto, y me dice: llora, escribe, fuma y toma.

Roberto

Me tomo una manzanilla, pero no me gusta la manzanilla. Sólo con tres de azúcar. Roberto quiere que le diga por qué estoy ahí. En realidad él no quiere eso, pero eso es lo que yo quiero que él quiera. Pongo el codo en la mesa, me saco un zapato y me despeino, tal vez algo de eso me dé la luz que requiero para hablar. Entonces Roberto pide otra manzanilla y de repente puedo sentir nuestro olor a mierda, ese olor de piel seca, muertita y pútrida. Lo veo sacar un cigarro y volverlo a meter en la caja, dámelo a mí, le digo. Y él me estira el cigarro y creo que se me quitan las ganas.

Me pica el pie y me rasco, por lo que tengo que poner el otro codo en la mesa. Él saca otro cigarro y lo mete, pero en su boca, y lo prende y me doy cuenta de que el mío sigue apagado. Pero él me niega los cerillos, o los fósforos, o los nosequé que no sé cómo les llamen en Chile, aunque estemos en un café en el Catafalco y no de Chile ni de Kazacojistán. Y con el cigarro apagado pegado al labio lo miro y él se me ríe en la cara.

Ahora pongo los dos codos y él me habla. ¿Cuál fue la palabra que lograste librar? Me pregunta. Ninguna, escribí muchas y al final, terminé aquí, tratando de tomarme la manzanilla esa fea que sirven. Me quito el otro zapato y él me dice "escribe" y yo le digo "no, no sé librar la palabra que no encuentro que no sale".

Pero él me ignora y saca una libreta y un bolígrafo. Yo los agarro, y escribo. Escribo varias cosas, que la vida es un mar de lágrimas, que la noche es fría y negra, y releo y no me gusta y vuelvo a escribir. Escribo que el paroxismo ideal es aquél que lleva la batuta en la desorientación (?), que el llanto es un reclamo del alma, que el alma en llamas suplica la los libertad amor perro caliente.

Roberto me mira y se me ríe en la cara otra vez y me reclama. ¿Qué coño haces? Me pregunta, y le digo que intento materializar mis penas en el papel, con palabras intelecutaloides que tapen el mero sentido de todo, para confundirlos a todos y sentirme bien.

Roberto, yo no soy un poeta. Esta mañana me levanté jodido, jodido y preocupado.

Pero Roberto se me ríe en la cara y me vuelve a picar el pie.

Chen y Roberto

Según mi amigo Chen, que es amigo de mi amigo Roberto, un poeta escribe muchísimas palabras "para librar una". Mi amigo Roberto toma manzanilla. Chen es asiático. ¿Por qué estás aquí? Me pregunta Roberto. Es que traté de escribir muchísimas palabras para librar una, le respondo. (Escribí muchísimas palabras para describirte, y terminaste matándome, y no encontré la palabra final). Entonces me tomo una manzanilla con Roberto y le reclamo por haberse muerto. Entonces me tomo otra manzanilla con Roberto y reclamo por haberse entrometido en mi vida. Así como en la de Chen también.

sábado, enero 15, 2011

Los dientes de Rigo

Mi papá se sienta y me dice que elija. Se sienta y me dice agarra uno. Pone un porro, una bolsa de cocaína, un papel de LSD y un vaso de agua. Él intenta darme algo, pero él no sabe mucho de mí.

Mi papá se sienta y le dice a mi hermano que elija, le pone monte, cocaína, un papel raro y un vaso de agua. Mi papá siempre sabe qué hacer, pero esta vez patinó. Mi papá siempre se preocupa por Rigo, pero mi papá no sabe mucho de él.

Me dice hijo agarra uno y yo lo miro y miro el porro, y me dice este está bueno, me dijeron que está bueno, y miro la cocaína y me mira y dice que esa es premium, y miro el LSD y dice que este es el mejor, y yo volteo y miro el vaso de agua y él no dice nada.

Mi papá me mira paciente y yo agarro el vaso de agua, lo agarro con los dientes y me mojo la cara. No me tomo el agua. Me mojo la cara y me dice hijo no te la tomaste. Y él no sabe mucho de mí. Le digo papá, yo soy el vaso, y me falta el agua. Mi papá se extraña y pregunta qué, y yo sólo sé decirle que soy como el vaso.

Estoy hablando con mi prima, Kata. Ella me dice que encontró una banda brutal, por internet, me dice que son británicos o algo así, que se llaman The Rakes, pero que ya se disolvieron, y que a ella le gustan demasiado. Me pasa un link y me pide que lo vea, que es un video, y le digo que ya sé que es un video.

Entonces lo pongo y no puedo verlo. Tengo que dejarlo cargando. Y mientras ella me dice que son muy buenos, y dice otras cosas a las que no les presto atención. Y ya está cargado el video. Lo pongo y no me gusta.

Le digo que no me gusta, le digo que la banda es una mierda. Ella se indigna y dice tonterías en inglés. El vocalista quiere parecerse demasiado a Ian Curtis, e incluso le digo que empieza con el mismo bajo de Disorder. Pero ella se cree la reina del internet y se molesta y me dice tonterías en inglés. Ella pretende no parecer molesta, pero yo sé que sí está.

No se puede tocar como Ian, no se puede cantar como Ian, no se puede copiar a Ian. Le digo que no se puede hablar con una fan de The Rakes que no sabe escuchar Joy Division. Uno tiene que nacer para escuchar Joy Division. Ella alega que sabe mucho de Ian, pero no le respondo. Ella no sabe que no se trata de si sabes mucho de Ian, porque todos tenemos internet.

Miro mi afiche de Ian y le digo (a Ian) qué bolas que te quieran copiar. Le digo lo mismo a Kata pero ella dice no a Ian Curtis no lo pueden imitar. Pero ella no sabe diferenciar el copiar del imitar. Estiro el brazo para tomar agua, pero se me cae el vaso. Se me cae y se me rompe.

Kata me dice que se va y yo digo ok chao. Kata está molesta, pero hasta el video era una mierda. Ella no se va, se queda y seguimos hablando. Y entonces le digo que yo sí me voy y me despido. Le digo que mañana me colgaré en la cocina.

Mi papá está sentado y le ofrece unas cosas a Rigo, y Rigo agarra el vaso con los dientes, y yo los veo desde la sala. Mi papá está ahí sentado, queriendo entender a Rigo, y le ofrece drogas y agua.

Mi papá me ofrece cosas y yo agarro el vaso de agua con los dientes, y me mojo la cara.

Esta es la segunda vez que mi papá hace eso, pero el nunca supo nada sobre Rigo. Y yo lo miro y le pregunto papá ¿cuándo vas a quitar la soga de la cocina?

sábado, enero 01, 2011

Los golpes de amor

Hace mucho ya que necesito un golpe en el estómago, uno de esos golpes de amor, de los que te agarran y te dan duro en el estómago, de los que te hacen vomitar, de los que saben a saliva. También de esos que no son golpes, que te arrancan la garganta y te dejan con el playback del no sé. Estás ahí, mirándome con los ojos del no sé, agarrándome no-agarrándome la mano. (Con tus dedos de no sé). Ahora que estás, no sé si hacerme caso. Y es que cuando no estás, al menos así, hoy, pienso en hacerme caso. Me lo repito y lo repito y lo escribo y lo grabo, lo reproduzco y lo leo, pero no termino de hacerme caso. Me digo "hazlo", digo "¡hazlo!", pero no, hoy no, mañana o después, cuando venga un golpe a arrancarme la garganta.

Estamos los dos, me miras con tus ojos de no sé, y no sé pues. Y pongo tu mano en mi estómago, porque quiero unos golpes de amor, de esos que te hacen vomitar, de los que saben a saliva. No me golpeas. No sabe a nada. Porque estás sentada con tu cara de abismo, viendo el abismo, cayéndome en él. Ólafur, no sé cuál elegir. Ólafur ¿cuál abismo?

No sabe a nada, y no sabe a nada porque no estás. ¿Pero por qué te veo si no estás? Este impulso, sordo y terco, animal, animal y sucio. "Hazte caso" me digo. Hazte caso me dices, o me sugieres, con tus ojos de duda.

Me hago caso, arrancándome la garganta, alcanzándote, separándome de mi cuello. Y llego, al fin, llego a ti y sigues sin saber a nada. Y tus ojos sangran, sangran mirándome, ¡y ahora sé! ¡Ya sabía! Siempre supe, yo sé que te has muerto, y trato de agarrarte y no puedo, las manos no me dan, ¡que no me responden te digo! No siento nada, ni las manos ni los dedos, ni el estómago, no hay ganas de vomitar.

El golpe de amor. El golpe que vino al revés. ¿Cómo sentirlo en el estómago? No se puede, no se puede si ya te han arrancado la garganta. El golpe que te arranca la garganta, ese que tiene que venir luego del vómito, y quitar el sabor agridulce. ¿Pero por qué han venido al revés?

Te grito, ¡estás muerta! ¡Muerta y gris! ¡Lejos, lejos y allá! Y no puedo abrazarte, es que las manos no me responden.

-Tú también
-Los golpes vinieron al revés
-Me estás tocando
-Déjame limpiarte la sangre de los ojos
-Ya me puedes alcanzar
-Aún no

lunes, diciembre 27, 2010

Cállate ¡Shhh!

Ya no puedo escribir, no me sale, agarro el teclado y nada, creo que necesito deprimirme, o drogarme, ¿qué me dices? No me decido. Como tu amiga, ninguna de las dos. ¿Y como mi lectora?. Que me cojas en una biblioteca.

viernes, noviembre 12, 2010

Caronte caminante

Yo no sé por qué nos miran tanto. Vamos por el bulevar, el cielo nos mira a medias, quizás a mí completamente y a ella no, o tal vez medianamente a ambas. Le sacudo la tierra, es difícil manejarla, y es que ella no me hace caso, igual que antes. Igual que en el pasado. Vamos juntas y las señoras nos miran despavoridas, y yo creo que ellas no entienden la naturaleza de nuestro amor. Nos detallan a las dos, y nos ven las tetas, las piernas, las tetas otra vez. ¿Me las quieres chupar? Maldita cabrona. Ella no trae sostén, le toqué las tetas.

Nos observan más, y yo no entiendo por qué es tan difícil aceptar nuestro amor, y aunque suene a novela mayamera lo sigo diciendo. Y lo sigo pensando. Hay nubes grises, pero es que es temporada de lluvia, y no debí traerla así descalza, y debí abrigarla. Pero es que no tenía de dónde agarrar ropa. Vamos por el bulevar, y un perro callejero nos ladra. Vete ¡vete! ¡Fuera! No se va, nos ladra, le ladra a ella. Qué rico hueles.

Es que ya me pesas Patricia. Me pesas, en el hombro y en la mente y en el corazón y no en el alma porque de eso no tengo. Te amo Patricia, y tú a mí, y yo a nosotras, pero ellos no quieren entenderlo. No es sólo que no lo asimilen, tampoco quieren. Por eso nos siguen mirando Patricia ¿debería sacarla?... Y no me respondes, como antes, igual que antes, siempre callada, hoy más callada, pero no importa, sólo necesito que mires mis ojos, y aprovechemos, mírame. Tienes pétalos encima, rojos como tus uñas, la pintura roja de tus uñas, no son verdes patricia: rojas. Son rojos y te ves preciosa, con los pétalos te ves preciosa. Amo como me miras, no tienes que hablar. Qué rico hueles, riquísimo.

Ahí viene un hombrecito en caballo, a lo lejos, con casco blanco, dos hombrecitos a caballo, caballos, cascos blancos, tres, cinco, ocho, y no son caballos. Rompen los frenos, y nos miran y corren hacia nosotras Patricia. ¿Qué debo hacer Patricia?

Llegan y nos apuntan y me dicen que te baje, que te devuelva, y ahí está tu mamá Patricia, tu papá, y los ocho hombrecitos de casco blanco. Que te baje me dicen. Le quito los últimos pétalos y me los meto en el bolsillo, y te bajo, te acuesto en el suelo. Te ves preciosa Patricia, mejor te devuelvo los pétalos, sí, así, te ves hermosa con los pétalos, con la sábana de pétalos. Patricia ¿puedo besarte? te beso. Tus labios son secos como corteza, y fríos como siempre los dedos de tus pies. Y tu cuello, herido y rojo. Te beso. Tu cuello rojo, rojo pétalo, lleno de rojo y rigor. Cuello escarlata, ¿o carmesí? Rojo, seco y frío. Qué deliciosos labios. Te amo Patricia. Tu mamá me grita que te devuelva a ellos ¿y si no lo hago? Los hombrecitos tienen una como la mía, pero yo la voy a sacar, y la usaré, no como ellos. Y la estoy usando, entre el uso y el desuso, te amo. ¿Recuerdas? Te prometí aquello, estaría contigo hoy, durante y después del rigor. Y aquí vamos, ya estuvimos antes, durante, y estaremos después, después del Rigor mortis.

"Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando." Rabindranath Tagore

lunes, septiembre 27, 2010

Las hormigas de fuego

Sí. Estamos bien. Todos. Yo no sé si es Pedrito o Jota. Sí sí. Que bien te digo. Pedrito o Jota me agarra y me dice que la cocinamos bien. Ya no me duele el pie. Jugando futbolito descalzo. Que no me duele te digo. Y Jota o Pedrito agarra a Pedrito o Jota y lo abraza, y me abraza, nos dice qué bueno quedó, qué buena quedó. Y se abrazan y yo te abrazo a ti, porque la cociné por ti. Te abrazo y no estás. Te abrazo y Jotapedrito Pedritojota se abrazan brazo.

Tú no me quieres abrazar. Pedrito le cuenta algo al piso, o Jota. El piso le dice que sí, que quedó bien. El piso pisa la cara de Pedrito o Jota y Jota o Pedrito se emociona y saca las metralletas y hace tratratratratratratratrá y dispara tratratrá. Yo creo que te disparó a ti, pero como no sentí creo que no, no te disparó a ti, y dispara y el piso pisa la cara del Jopedritatopedrooooo Jopepedro.

¿Dónde estás? Vente que te abrazo. Pica. Pica. Cosquillitas. Hormiguitas. Qué rico. ...........................................................................................................................

...................................................

Me despierto y me dan náuseas, y me vomito la sábana, y sin cosquillas y sin Pedrito y sin Jota. Y sin ti. Tú no estás. Y tú no estás. Pero es que nunca estás, pero es que no existes. Pero es que existes pero no aquí.

Pero es que hoy volveré a sentir las cosquillas. Me voy a sentir como un maldito feto flotando en aceite. Nadando espeso.

Y me vuelvo a despertar, y no me vomito, y no están Pedrito o Jota, pero Jota o Pedrito llega más tarde. Tú sí estás, y yo también. Y ya no estoy.

jueves, septiembre 02, 2010

4500

Tu cuerpo necesita sangre

Y mis ojos necesitan verla

Nueve noventa

Sí, ustedes quieren que les haga caso
y yo no les voy a hacer caso

No, no no no

Quieren que me lo crea
que ustedes me van a matar
Y no, no les voy a hacer caso

En medio de todos ustedes
y en medio de todos ellos
me voy a disparar en la frente

¿Ven? No les haré caso
No serán ustedes

Me voy a disparar en la frente
y luego me serviré un trago y prenderé un cigarro

No es que yo sea inmortal
pero no sé si ustedes existen

lunes, agosto 30, 2010

Bailando en el pogo

Toro, en la ventana de la cocina ya no puedo fumar, mi abuela dice que no fume, dice que mejor no fume, que eso jode. Que no fume en la ventana de la cocina. Coño, aquél día fumamos escondidos porque mi abuela estaba viendo la novela, y mi primo también estaba ahí y fumaba como bobo y chupaba y soltaba, chupa-suelta. Y nos íbamos a la computadora a ver videos y bajar música y yo le mentaba la madre a la computadora y le daba coñazos al monitor porque era muy lenta. Toro, esa computadora la regalé, después me regalaron otra, pero era igual de mierdera. Hace unos días se me dañó, pero como tengo una portátil no me importó. En esta ya no veo porno porque se me pone lenta. Coño, aquél día te viniste con los pantalones camuflados y cuando saliste del Metro te metiste la pieza del séptum pa'dentro y te volteaste el suéter punki que tenías porque creías que lo tukis te iban a buscar peo. Por punki. En especial te cagaste por el séptum porque se veía bien comegato, y te cagaste y mi primo y yo te dijimos que te dejaras tu vaina tranquila, que no iba a pasar nada. Ese día los busqué en el metro porque si les explicaba no iban a saber.

Ahora tengo que irme a las escaleras a fumar y si me ve la conserje tengo que bajar porque sino se me arrecha, pero es que me da ladilla bajar. Toro, mi primo sigue sin tener novia. Yo no sé pa qué coño te viniste con suéter. Mi abuela no se acuerda de ti, pero es que coño si todos nos vestíamos igualito qué se va estar acordando mi abuela de ti. Si te hubieras dejado el piercing del séptum afuera yo le diría, le diría abuela es el del piercing de la nariz. Marico, me acuerdo cuando te tatuaste una estrella en la pata, ya no me acuerdo en cual pata fue, y yo te dije sí que arrecha marico, pero de pana que no me gustaba. Y cómo te decía que no me gustaba, no podía, eras mi pana, pero te lo digo ahorita pues. Bien fea la estrella broder.

Y coño después de ver videos y escuchar canciones nos íbamos pa la cocina otra vez pero sin fumar. Y vimos unas palomas en los adornos del edificio que estaban frente a las ventanas de las cocinas de los apartamentos. Que eran así como unas columnas verticales raras, y no sé cómo explicarlas. Y se nos ocurrió joder un rato a las palomas y agarramos un plátano y lo picamos en rodajitas. Y se las empezamos a lanzar, y nunca le pegamos a ninguna. Mierda, éramos malos pa lanzar huevonadas. Entonces creo que fuiste tú o mi primo el que lanzó una que se quedó pegada en la columna, coño cómo nos reímos, bien maricos que éramos porque era una mariquera, pero nos reímos Toro. Me acuerdo cuando las carajas estas no nos querían parar bolas, y después hicieron el paro y lo que hicieron fue jodernos, y nos cortamos Toro ¿te acuerdas de esa vaina? Me pasaste una foto y tenías cortecitos en brazo, y yo me hice el duro para darte aliento, pero yo también me había cortado Toro.

Toro ¿te acuerdas cuando estábamos en el Nuevas Bandas? Teníamos tiempo sin vernos marico, y me preguntaste si los de Pornomotora eran una vaina pangola, o creo que más bien me dijiste que estabas tocando con una banda que no era pangola. Pero nos sentamos en las gradas de la Concha y tocó Pornomotora, qué arrecho fue. Y después los bichos de Porno se fueron pa las gradas a ver a las otras bandas y los saludamos y ellos estaban bien vueltos mierda y cuando les dijimos que nos gustaba burda la banda se rieron con su acento colombiano y nada más me acuerdo de la cresta del pana que era como rosada. Toro, no me acuerdo de las otras bandas. Mi primo también estaba, él fue el que me avisó.

Toro, hace unos meses me asomé y el pedazo de plátano todavía estaba pegado en la columna, después de ese poco de años y todavía estaba pegado. Hace unos días me volví a asomar, pero ya no estaba el plátano. Toro, no te vi más después del Nuevas Bandas. Una noche te conectaste y vi tu ventanita apareciendo en la esquinita de abajo del monitor, te quería contar una vaina pero me dio ladilla mover el ratón (...maldito ratón). Y en la mañana me llamaron y yo dije mierda quizás un reencuentro, aunque no habían pasado sino 2 años. Y no, no era un reencuentro, Toro.

Toro, cuando puedo me acuerdo de ti, ahora bailo en los pogos y me acuerdo de ti. Toro, esa mañana me llamaron y me dijeron lo de los doce pisos. Y yo tranqué y seguí en lo mío, y al mediodía comencé a llorar, lloré muchos meses. Tu mamá nos echó, nos dijo que te viéramos y nos fuéramos. Y yo no me quería ir. Y nos echó y más nunca te vi, y no te visité. Toro, le estoy tirando plátanos a las palomas.

martes, agosto 24, 2010

Los quince

Y ese poco de pajúos bailando vueltos mierda que si con collarcitos de flores guindados y los tragos en la mano y riéndose de cualquier vaina y yo ladillao con la quijadota en la mano y los nerdos en mi mesa buscándome conversación y yo diciéndoles que no que no que no quería hablar con ellos y ellos que seguían y les tuve que decir que me lo mamaran que me dejaran quieto porque los iba a joder y así fue que me dejaron tranquilo. Y el pajúo que era como un DJ o alguna verga parecida porque hacía de toda vaina animando la fiesta y yo con dolor de cabeza y de paso triste viendo a la puta esa bailando y no me tomaba en cuenta. En fin, estaba solo ahí en una mesa con nerdos y sin caña porque me las fui a tirar de serio y no bebí, y con las ganas que tenía de beber, pero como la familia de la puta era maracucha se bebieron todo en dos horas.

Y después se acercó y a mí se me revolvió el estómago pero resultó ser que la estúpida se fue palamesa de atrás y se puso a hablar con la otra puta de cabello corto. Lo peor era que la puta de cabello corto tenía corbata y pantalones, ay sí qué roquera, puta. Después se levantó y yo pensé que venía padonde yo estaba y de la nada salió el papá y la agarró y la llevó a bailar. Coñuesumadre. Después la familia se ponía a bailar, uno por uno con ella, pero el papá bailó de último. Pero esa vez bailaron el vals, o el bals, o el balse o valse o como sea y la sucia ni me miró. Después todos empezaron a gritarme el novio el novio que baile el novio y yo me corté porque la perra ni me paró en toda la noche y ahora la familia pidiendo que bailara conmigo, con el novio, el novio el novio que baile con el novio. Yo que le había comprado una cadena y un dije de acero inoxidable y lo agarró y dijo gracias está muy bonito y lo puso porai' y se fue pal coño a tragar alcohol.

Entonces me paré y les tiré una sonrisa de Guasón y me puse dizque a bailar porque yo no sabía bailar. Y ella diciéndome gracias al oído y me volvía a decir gracias gracias y yo pensando esta puta sí tiene bolas. Después terminó la paja del vals bals valse y me fui a echar una meada y me encontré a uno de los nerdos y entonces le tiré una mirada de hijueputanomemires y el nerdo se salió del baño y me lo sacudí y me lavé la cara. Entonces salgo y está la puta machorra de cabello corto y ella me mira como paque vaya padondestá ella y yo si ya está que voy a estar yendo pallá ya no quiero ser más hipócrita contigo.

Ella me agarró la mano y me besó una oreja y yo me medio cagué porque estábamos en la feria del centro comercial y pues pensaba que los vigilantos nos iban a sacar por perversos y ella me dijo tranquilo que no nos ven y yo ya mestaba imaginando que nos íbamos a hacer unas sesiones de chúpameloreja y para mi descontento resultó que me dijo qué lindo eres gracias por quererme y se fue y yo coño esta coña que ni un beso me quiere dar.

Y yo ahí sentado con los nerdos y después me acordé de la entrada esa palurda que se lanzó dizque en una moto jarli debidson pero era una bicha desas chinas tierrúas pero que tenía latón de jarli. Y coño me reí porque era feo cómo se le ocurre llegar en una Empire Moto a la fiesta.

Después el DJ multiuso dice que la familia diga unas palabras a su muchachita questaba cumpliendo años su princesa su amor díganle algo bonito y después casi se me cae la coca cuando me paré y me cagué y me fui al baño a jalarme otra línea y entonces cuando salí del baño pillé que estaba hablando el papá por el micrófono orgulloso de su hija la putica esa bien puta que es y después habló la mamá y entonces vi otra vez a la marimacho y miarreché y fui padondel DJ y la mamá dijo por el micrófono ay pero si ahí viene el novio déjenlo hablar que ahí viene el novio él cómo quiere a mi muchacha y a mí me caía bien la mamá y todo pero yostaba muy arrecho y le entrompé y le quité el micrófono y dije quénovio ni quénada si esta caraja es la más puta de todas que me tiene aquí jodío que hace rato la vi con la machorra dándose lo besos debajue la escalera que sí allá está la marimacho y la señalé y les grité a todos por el micrófono que esa era la que le metía el deo por la raja y que la puta esa mestaba utilizando paque no la descubrieran. Después me sacaron a patáycoñazo de los quince.

Y ahora menos qué me vastar besando la puta esa y yo mierda estoy enamorado della y después mis tíos me descubrieron la coca y más que yostaba todo acelerao y agresivo y me mandaron pa Ocumare otra vez. Qué me vastar besando la Susana si ahorita la deben estar jodiendo por cachapera. Y seguro ya me eliminó del masinyer y del maispeis y yo que le había hecho una cancioncita en guitarra.

domingo, agosto 22, 2010

Los de séptimo

Pues aquella vez estábamos discutiendo de qué nos gustaba más a los dos. Que si las viejas, que si las pelirrojas, que si las morenas, que si las asiáticas, que si las negras, las rubias no porque a nosotros nunca nos gustaron las rubias, no al menos como a todos los carajitos de aquél entonces. Y bueno, a él siempre le gustaban más la viejas, yo le enseñaba alguna foto o le pasa algún video y me salía con que a él no le gustaban esas jevas, porque lo suyo eran las viejas. Una vez me dijo que en un videochat una caraja lo excitó demasiado sin siquiera bajarse las pantaletas, y se restregaba un dildo por encima, y tanto tanto se excitó que acabó así, sin verle nada, después la tipa se levantó y se bajó las pantaletas, y tenía un pipí, no una vagina. Y tenía el culo lampiño, culo de jeva pues. El pobre pendejo se sintió tan mal que no se tocó como en un mes, y eso es mucho para la edad que teníamos y para lo pajero que él era.

Pero después se sintió mejor. En esos días dejamos la conversación del tipo de mujeres que nos gustaba ver en las pornos para pasar a otro peo más profundo: cuáles actrices nos gustaban más. Yo le dije que me encantaba Carmella Bing pero él siempre llevándome la contraria salió con que él prefería a Puma Swede. Un día me ladillé tanto de lo mismo que empecé a ver sólo las fotos en ropa interior, él también hizo lo mismo. Éramos los pajeros de séptimo grado, pero menos mal que sólo lo sabíamos nosotros. Después el coñuesumadre comenzó a desarrollar un especial gusto por las mamás de nuestros amigos y amigas, era normal ¿no?, pero él las acosaba. No me acuerdo más de las cosas sobre las mamás. Pero volvimos a ver el porno habitual: sin ropa interior. El morbo se nos escurría esporádico y nos daba por temporadas.

Nosotros nunca hicimos carreras pajeras de esas que se hacían en el colegio, de hecho nunca le vi el pipí, o el pájaro como decía el gocho ese. Nos parecía extremadamente marico enseñarnos los pipiseses y ver quién acababa primero, al menos no éramos tan enfermos. Simplemente nos encantaba el porno y hablar de porno, de Alexis Texas, de Kylee Strutt, de la paisana Allison Miller de la que se rumoreaba tenía sífilis. Y hacíamos comentarios pueriles y desesperados sobre el color de sus carnes y todo ese peo. ¿No te acuerdas cuando te lo presenté? Sí, al gocho pues, ese día íbamos a ver si nos vendían unas películas en Capitolio y te encontramos en el Metro, pero me acuerdo que tú tenías audífonos y no me paraste mucha bola. No nos vendieron las películas, no les vendían a carajitos quesúos.

Una vez me llamó nervioso y me contó que se estaba haciendo una en el cuarto viendo el video de Roxana Díaz y la mamá abrió la puerta y le preguntó qué estaba haciendo y para el momento en que la puertica se abrió y la mamá no había terminado de hablar el gocho ya tenía los ojos pa'dentro y estaba salpicando por todos lados. Era obvio que no lo pudo aguantar, la mamá llegó justo cuando le empezaron las cosquillitas. Y bueno, me llamó y estaba cagadísimo, nervioso, porque la mamá era dizque toda puritana y perdió la virginidad con su papá, eso fue lo que me contó la hermana del gocho unos meses después, y que también la vieja era toda católica y vaina. En fin, le dije que pasara su susto tranquilo, de bolas, porque a mí no me había pasado y nunca me pasó. Pero la vieja subió después y a la fuerza le cortó el pipí con una tijera grande de las viejas. ¿Que qué pasó con el gocho? Bueno ahí se quedó mocho y botando sangre como loco. Al día siguiente la hermana me dijo que la vieja se había cagado y no lo llevó a emergencias, y el gocho se desangró.

Pero eso de que le cortaron el pájaro es mentira, en realidad el gocho se asustó tanto cuando la mamá entró y lo vio acabando que se fue a parar para subirse el interior y se resbaló con el semen. Pegó la cabeza del filo de la mesita de noche y cataplún, no más gocho, y Roxana Díaz seguía gimiendo. Sí gafo, de bolas que se murió. Cuando me llamaron ya estaban en la funeraria, y la hermana, Anita, que tenía un año más que nosotros, estuvo conmigo todo el funeral. Después subimos a los cuartos donde se queda la gente y la familia y todo eso y nos besamos toda la noche, después me dijo que se lo metiera. Claro que se lo metí, yo era uno de los pajeros de séptimo. Y se lo metí y no pensé ni en Kylee Strutt ni en Alexis Texas. Lo que yo nunca le dije al gocho es que la que más me gustaba era su hermana.

miércoles, julio 14, 2010

La muerte cenital

Martes, 12:06 AM. (Reloj de pulsera)

Hay cosas que nadie quiere tener. También hay situaciones en las que nadie quiere estar. La mía es una de esas; nadie quiere estar tirado en el asfalto, en medio de la vía, en plena medianoche y sin luz callejera. La cuestión radica en que yo estoy en dicha situación, pero con las tripas afuera.

Tener un corte horizontal en tu cuerpo es horrible. No por el corte en sí, sino porque aunque veas tu barrigota abierta y sangrante, no sentirás nada hasta unos minutos después. Se me olvidaba algo, si hay algo peor en esta situación, es que se te caiga el cigarro de la boca. Y lo segundo peor es que se te mojen los fósforos con el puto charco sucio que esperaba por tu espalda.

Mierda, me está doliendo que jode, y de paso me pica el culo, pero no me llega la mano porque tengo varios huesos rotos. Acaba de pasar una moto, pero no muy cerca de mí. El carajo me vio, peló los ojos y aceleró. Mierda, la gente es una vaina.

Y aunque haga frío, el desangramiento hace más placentera la muerte lenta. Se me acercó un perro y me lamió la cara: él sabe lo que pasa.

¡A la puta! ¡Se me está saliendo la mierda por delante!

...Se acerca un camión, o una gandola, o una camioneta, no sé. Quedan trece segundos de batería en esta grabadora. Ojalá que las ruedas no la pisen. Qué jodido es ser periodista. Más nunca le haré una entrevista a una monja pederasta. De todas putas maneras no podré. Quedan cinco segundos y ya tengo los faros encandilándome.

5, 4, 3, 2-

Lunes, 11:43 PM. (Reloj de pared)

- ¿Y qué la llevó a meterle un bate por el culo a tres niños de menos de ocho?

- ¡Tú no puedes hablarme así! ¡Es un insulto al Señor! ¡A la Iglesia y todos sus hijos!

- Responde y deja la buro-gracia.

- ¿Tú no tienes ética acaso? ¡Grosero! ¡Inmoral!

- Dos vainas, vieja puta: la moral no es igual a la ética, y yo no estudié para besar culos y vendarme los ojos con las pantaletas sucias de la prensa.

- Espérame un momento y te respondo... Ya vuelvo.

- (Qué ladilla).

- Ajá...

- ¿¡Y qué mierda haces con un machete en la mano!?

Domingo, 4:00 PM. (Reloj del carro)

- ¿Y por qué harás eso?

- Porque incluso veinte años después me sigue doliendo el culo en las noches.

- Pero hace tiempo que te revisaron en la clínica.

- El alma también tiene culo.

lunes, junio 07, 2010

La carroña

Hay tres verdades universales: mierda, sexo y muerte. Yo descubrí una quinta (número 5).

La sirena me estaba mareando, no me gusta el contraste del rojiazul. Los zamuros se comían un gato en la azotea frente a mí. Alguien gritaba como gorila y los otros gorilas hacían feedback. Yo estaba sentada al borde del cemento, y me raspaba el pantalón. El tipo de la sirena se bajó del carro y gritó cosas (ni siquiera tenía un megáfono, el muy bastardo). Creo que la gente se ve muy pequeña desde aquí, al fin soy superior.

Iba corriendo por las escaleras, subiendo. El ascensor olía a vómito y a mí no me gusta ese olor, ella estaba arriba y yo sabía que la sirena la iba a desquiciar.

Ya no me importa la sirena ni el rojiazul. Elegí ver en blanco y negro. Ytambiénelegípensarconlaspalabraspegadas.

Si no llego ¡se va a desquiciar!

Seguí subiendo y llegué, porque tenía que llegar. Pero ella no se había desquiciado. Después de esta carrera no vuelvo a fumar.

La miré y caminé suavemente, ella se paró en el borde, ahora raspa los zapatos y no el pantalón. ¡Mierda! ¡Hay dos zamuros comiéndose un gato! No me gustan, son hediondos. (No te distraigas, se va a tirar).

El pendejo llegó y lo primero que hizo fue mirar los zamuros. Me paré y con media vuelta le devolví la media mirada.

Ya, se paró y se dio la media vuelta ¿y si se arrecha? Pero igual necesito detenerla, si se tira, se me acaba el mundo. ¡Puta! ¡Bájate! No hagas huevonadas.

- ¿Yporquémetengoquebajar?

- Sé que no te gustan las sirenas.

- Atitampoco,peroyamepuseenblancoynegro,asíquenoledesimportancia.

- ¿Puedes hablar más lento? No entiendo una mierda.

- Yonoestoyhablando,túmeestásescuchandolasneuronas.

- ¿Qué demonios dices? ¡Bájate ya coño!

- Quenomevoyabajartedije,amárratelastrenzasporquetepuedescaerytepuedesromperalgo.

- Habla despacio, coño.

-Piensadespacioyonosoylaculpabletútienesunacarreramortalenesacabezatuya,noesmiculpaquemeleaselcerebrocomouncarrodeFórmulauno.

- ¡Cállate ya! ¡Bájate en este instante!

- Sinotecalmasnopodrásescucharme.

- ....de acuerdo.

- Amárrate las trenzas.

- No te tires...

- Yo no me voy a tirar. Sabes perfectamente que soy una excusa para que seas tú quien se tire. Pero mejor me voy porque se me acaba el blanco y negro. Qué más da si son sólo excusas, sólo tengo una idea de los colores, no sé cómo son.

¡Mierda! Se tiró ¡la muy puta se tiró! ¡MIERDA! Imposible... tengo que ver su sangre...

Le dije al maldito que se amarrara las trenzas... (Y seguramente no me hizo caso, pero yo ni siquiera tengo voz).


Carajo, nos rompió la sirena y el parabrisas.

domingo, junio 06, 2010

El saco de tierra

Nos guindamos en el testículo del cerebro
y lo halamos hasta que se rompe
te agarro la cara y sólo te miro las pieles
y es porque tienes varias

Me voy caminando pisando las tetas de la enciclopedia
y chupo y chupo y leche materna: no hay más
porque la acabamos toda, no hay para los otros

Quiero un árbol con enchufe
para ver si dura más
y también un perro callejero por si acaso me da frío

Nos guindamos en el testículo del cerebro
y si se rompe nos partimos el culo
porque estamos muy arriba
pero por lo gaseosos que somos, no porque hayamos elevádonos

sábado, abril 03, 2010

Placard

Teodoro mira por entre las puertas del closet, Teodoro está adentro, y mira también a través de la ropa. Teodoro tiene ganas de mear, pero no quiere salir. Está observando a un hombre que sentado le da la espalda y da órdenes a otros dos tipos; o a las mitades de otros dos tipos, porque sólo puede ver dos mitades verticales.

Espera orinándose casi encima, sin entender, apretujado dentro del armario. Pasan tres horas, o siete, no sabe calcular bien el tiempo. Y las mitades de los dos tipos (que se habían ido por un momento) vuelven, con un chico casi de la misma edad de Teodoro. Sigue sin entender. El nuevo chico está en interiores (como él) y ensangrentado, se está muriendo -o no, lo están muriendo-.

Teodoro es sordomudo. Las mitades humanas golpean al nuevo chico, le gritan (eso supone Teodoro) y ya casi no tienen sangre para sacarle. El tipo que estaba sentado se para, y Teodoro huele el habano que parasitea en la boca de aquel hombre. El chico ensangrentado se va muriendo. Se murió.

El fumador se vuelve hacia el closet, lo abre y se agacha, mira fijo a Teodoro, pero el hombre no tiene cara; las dos mitades que ahora son cuatro, se acercan también, y también sin caras lo ven.
Teodoro mira más allá, donde reposa el chico nuevo y muerto, no es un chico nuevo, tiene su mismo rostro, no es un chico nuevo, porque es él mismo, el asunto está en que Teodoro eligió olvidar la cara de sus asesinos, no la suya propia.

Los tres hombres lo siguen mirando, sin cara y sin ojos y sin nariz y sin cejas y sin boca y sin cutis, es como un cráter marrón. Teodoro entiende ahora por qué es sordomudo, y por qué no reconoce caras en aquellos, Teodoro está muerto. Teodoro por fin se mea. Es que los muertos también pueden no entender y orinarse de miedo.

lunes, marzo 22, 2010

La herejía del espejo

No soy religioso y te lo digo
es todo una comedía sangrienta
tener al mísmisimo Diablo frente a ti
tocando la punta de tu nariz con la suya
-Y digamos "Diablo" para generalizar-

-¡Verga! Pero yo me cago.

Bueno sigo, es hilarante y torturador
Ni siquiera es un contraste; es una anacronía
pero una rellena con mierda y sobras de un bisteck.

Haz una vaina, pon a hervir muchísima pasta, salsa y puré de tomates
todas de tomates, nada más, y le echas pimienta
cuando ebulla, saca la tapa espera unos segundos para no quedarte sin cara
y mira dentro de la olla, pegas la cara, casi besando la masa roja
que bien pueda parecer un feto licuado o un coctel de granadina y queso

No cierres los ojos, permite al vapor entrar en ellos
llora, grita, gime, golpea
pero sin dejar de tocar la olla caliente con tus manos desnudas
quemas tus manos, quémalas

-Marico, no.

Coño ¿Me vas a dejar terminar este poema que ya se ha convertido en un mutante de testimonio con patas de monólogo y culo de entrevista?

-Dale, nojoda.

Bueno, cuando comiences a sentir el vapor en tu retina, recuerda no cerrar los ojos ni quitar las manos de la olla caliente aunque te pique una bola. Comienzas a llorar, y no porque quieres, sino porque debes, debes ser patético y sumiso, y dejar que aquel Diablo con disfraz de pastasalsapuré-de tomate te sodomice y te estrangule.

Luego de eso, no sabrás qué coño hacer, si gritar, llorar, correr, saltar, golpear, eructar, pedorrear, estornudar o toser o hacerlas todas al mismo tiempo, pero de bolas que te morirías. Así es el Diablo, en las noches, frente a ti, dándote besos de esquimal. Tu peo es que jamás podrás sentir el aliento a óxido y establo que él tiene.

-¿Y cómo hago para sentir eso?

Estás un tanto jodido, porque lo primero que debes hacer, es descoñetarte la mente con tu propia mente; imagina que tiene tu cabeza, y la clonas, y con ese clon de tu cabeza, de tus genes, tendrás que aplastar tu propia cabeza: así es como te jodes la mente con tu propia mente. Al final todo queda efímero flotando en el esmog de los carros y nadie nunca sabrá sobre esos pensamientos horribles y fantásticos y grandiosos que pueden salir del holocausto mental que algunos tienen. Sólo así, sentirás el olor y el aliento del Diablo.

-Ahorita dijiste que podemos llamar ese "Diablo" como queramos, porque tú dijiste que tú dijiste que tú estabas generalizando.

Ajá.

-¿Y cómo le llamas tú al Diablo?

Alacrán

-¿Alacrán?

Escorpión

-¿Escorpión?

Escorpio

-(¿No es la misma vaina?) ¿Escorpio?

25/10

domingo, febrero 28, 2010

Ojos rotos

Estaba mirándolo. Lo miraba pero no sabía si él a mí. Parecía enmarcado, como si el universo lo hubiese puesto en cuadro sólo para mí, sólo para que yo lo viera. Todo su alrededor era blanco, yo no veía nada más, sólo lo notaba a él. Su piel de arena quemada me miraba, o no, yo miraba la piel de arena quemada. Su cabello de varios tonos dibujaban rizos casi rojizos, tenía un color indescifrable: podría ser castaño claro, o tal vez marrón rojizo, o tal vez naranja oscuro, o tal vez marrón-castaño-naranja-rojo-traslucido.

Tenía ojos pequeños, bellos ojos pequeños. Era delgado y de estatura media. Su barba, con algunos prófugos vellos rojos, moldeaba su cara, como una máscara animal. Era hermoso, simplemente hermoso. Y continué mirándolo, comí todo su rostro con mis ojos: la nariz punta roma y quijada pequeña, tenía facciones delicadas, no andróginas, pero muy femeninas y masculinas, casi al mismo tiempo, era como una abeja pegada a un abejorro.

En algunos momentos pasaba sus dedos entre su cabello como si fuera un peine de carne y uñas. Sus cejas tenían una linda forma, eran como olas que me invitaban a ahogarme. Tenía algunas espinillas en su cara, y me resultaban tan adorables como él. Lo estaba devorando con la córnea (con la córnea porque yo estaba en un estado de total estupidez, atontado por él, por su cuerpo). También examiné sus cicatrices, preciosas todas, y aún así, parecía que él me miraba, pero no me miraba.

Sus labios rosa tatuaban en mis adentros un cosquilleo salvaje. Estaba desnudo, increíble, sí, desnudo. Fumaba un cigarro. Me entretuve con sus exhalaciones de humo por un rato, me encantaba ver su boca formando un pequeña O cuando soplaba. No quiero sonar sexual, sensual ni carnal, la belleza que yo veía era de otro lugar, venía de otro sitio.

Vi hacia sus ojos llorosos y brillantes, con algunos vasos rotos. Qué hermosa era la sangre de sus ojos. Tenía ojeras también: él no dormía bien, nunca duerme bien. Su rostro cansado y pálido por la falta de comida seguía siendo bellísimo. Comenzó a llorar, y yo quería bañarme en sus lágrimas. Empezó a fumar más rápido, y sus aspiraciones me hipnotizaron. Casi se acababa su cigarro y vi telescópicamente como el sello de Marlboro se consumía como si un camino de nieve estuviera siendo derretido por un río de lava.

¡Era tan hermoso! ¡Demasiado hermoso! Su llanto era de otro mundo, bello. Una lágrima mojó el filtro del consumido cigarro que se mantenía atrapado en su mandíbula y que casi lo quema. Observé su pecho, delicado y como de niño. También su abdomen, nada tonificado, y me gustó. Sus piernas flacas y velludas soportaban 20 años de un letargo que se le hacía eterno. Sus piernas estaban cansadas, pero más que cansadas, ya se habían acostumbrado a sostener ese muerto. Sus piernas eran, además, las ruedas de una carreta llena de cadáveres y colillas de cigarros. Pero ninguno de nosotros dos nos molestábamos por la putrefacción: nos había gustado desde que comenzó la costumbre. Aún así, no sabía si él me reconocía, y no sabía si el me veía a mí también.

Su llanto se convirtió en gritos y rugidos, sus venas se agrandaron, su rostro pálido se volvió rojo, más vasos de los ojos se le reventaron. Sus músuclos subdesarrollados, sedentarios y de niño, se hincharon muy poco, a causa de la rabia. Y en su furia, seguía pareciéndome hermoso, débil, putrefacto y sutil.

En ese momento algo se disparó en mí, y entre mi enamoramiento y mi hipnosis comencé a odiarlo, así tan súbitamente como lo digo. Odié su furia, lo odié a él, odié su cigarro y su cabello tornasol. Tenía un féretro en el corazón. Ese féretro quería mantener dentro a ese cadáver, quería tenerlo dentro y amarlo, y odiarlo, pues el amor y el odio son lo mismo, pero se sienten en lugares distintos.

Quería golpearlo ¡quería asesinarlo! Lo amaba, me había enamorado, lo odié. No me importaba si me miraba o no, no me importaba si me reconocía o no, no me importó nada de eso y lo besé. Besé sus labios, su lengua y su barba, fríos todos. Toqué su rostro y sus lágrimas, y también pisé el cigarro muerto que yacía en el suelo letárgico de mi apartamento. Sequé las lágrimas de mi rostro, lo miré una última vez, y rompí el puto espejo. Ya no lo veo más, sólo se observa el cuerpo roto de alguien, alguien muerto. ¿Ahora quién querrá quitar la mancha de la pared?

lunes, febrero 08, 2010

Maniquí de la eutanasia

Tú no tienes tacto
tocas, pero no sientes
no al menos cuando te tocan

Tú no tienes alma
eres hueso forrado en piel
eres calcio forrado en carne

Tú no tienes corazón
tu sangre es falsa
es de hormigón

Tú no tienes tristeza

Tú no tienes sonrisa

Sólo existes tú con tu espejo
con tu cripta de caprichos y reproches

Si existieran dos como tú
ni Ares pudiera pelear contra tu pantomima

miércoles, enero 27, 2010

El cadáver

Y: ¿Piensas en la muerte?
S: Todos los meses
Y: ¿Y en el suicidio?
S: Todos los días
Y: ¿Y en la vida?
S: ¿Qué es eso?

domingo, enero 24, 2010

Repostería del cadáver

Eres tan hermosa, tan horriblemente hermosa
y tan repugnante...
Quiero acariciarte el rostro con el exterior de mis dedos
...y súbitamente sacarte los malditos ojos

Te imagino sin vida
ojos cerrados con un cristal sobre la cara
y me desquicio, me vuelvo más loco de lo que estoy
simplemente porque no estarías
y al mismo tiempo me arrepiento
de no haber sido yo quien cortara tu alma

-No sé qué decirte cuando me hablas así

Yo puedo pedirte que me digas algo
por el simple hecho de que necesito tu voz
pero estoy seguro de que cuando hables
odiaré tu voz y te mandaré a callar

-¿Comiste hoy?

Sí, comí varias cosas
comí medio kilo de sopor
comí algunos trozos de rabia y migajas de dolor
bebí poco menos de dos litros de lágrimas

Por cierto, comí más preguntas
y con el vómito dibujé signos de interrogación
También comí asco y mierda
dicen que la mierda no se come, pero eso yo no lo sé

También comí muerte, pero nunca eructé algún estertor
y eso me hace pensar, quiero un estertor

Podría hacerme algunas galletas de miseria
pero si entro en la cocina muchos cuchillos habría

lunes, enero 18, 2010

Sábana

Mi cabeza es un mar blanco, un buque vacío sólo conmigo en él, un cielo de interrogantes y un viento soplando palabras desgraciadas. Mi cabeza, es una sábana blanca, manchada con sangre de buitre. Un beso de carroña y basura, un beso de perfume de cosas que no entiendo.

miércoles, septiembre 30, 2009

Ellos

Y las juventudes se juntaron
y otra etapa terminaba
y siguieron así, de la mano
y continuaron
y empezaron de nuevo
y vino otro segmento
y los labios se besaron
y las manos se besaron
y las caricias vinieron
y el caleidoscopio de sensaciones llegó
y crecían, crecían
y creyeron e imaginaron
y mantuvieron el beso
y soportaron la noche
y agujerearon el frío
y mordieron el viento
y lloraron en los pasillos
y uno por uno, en sus ventanas
y suspiraron al teléfono
y probaron la sangre
y compartieron la sábana
y se cocinaron el uno al otro
y vieron la televisión
y nunca escucharon radio
y no se entregaron más
y el caleidoscopio ahora es petróleo
y el viento que mordieron es cemento ya
y las lágrimas comenzaron a corroer
y se desvanecieron
y ahora
y ninguno de ellos está

lunes, septiembre 28, 2009

Yo no

Jamás taparía la luna para ti
o la ventana, o el televisor
o la puerta, o el corazón
o las arterias, o la razón
o la mente, o la alegría
o el corazón de nuevo, el mío esta vez, para ti, no taparé.

sábado, agosto 29, 2009

Y quisiéramos saber

Habría que entenderlo entonces, por lo menos tú
saber luego que si no lo digo no es que no lo padezca

Y luego, luego de la sapiencia, creer en que sólo con estar ahí
podríamos quemarnos en la lengua con el calor del Gato Negro
y aprender a necesitar esas quemaduras
o aprender a quemar las necesidades... tú decidirás

Tendrás que aprender que luego del coito
puede que la soledad nos secuestre
y también entenderás que inmediatas pasen las tragedias
aquel coito podría resolverlas... y sólo tú decidirás

Podrías beberme como al Gato Negro
o quemarme como el Gato Negro a la lengua
incrústame el vicio en la carne
perfórame con el vicio en los ojos

Y sabré que al verte, no podré decir "basta"
y sabré que tocándote menos hablaría en vano
sabré que no podría sacar el vicio encajado
y sabré que no podría encajarme el olvido

En algún momento sabría alguna de ustedes dos
(Si el curso y el transcurso así lo quieren)
que pueden pasar días sin palabra o tacto
y no pueden culparme, tal vez la toque a ella y te hable a ti
y morir en viceversa

Cuando el sofá sostenga mis ojos y mis gritos
mi franela de élite y la chatarra
sabrán que por 90 minutos no recibirán mi tacto
y que mis palabras sólo serán para la voz sin cuerpo de más allá

Pero quizás en otros sucesos
el sofá se quedará con el sudor y las palabras

Ya sabré, cuando el sol se cuele por el tejido de la cortina
y cuando el cabello parezca un nido
si tú, o ella, sabrán como conocerme y tenerme

martes, agosto 25, 2009

Coffea Arabica

¿Debo entonces pretender qué cosa?. Nada, ni sé qué es lo que deberíamos pretender. ¿Por qué?. Coño, si tú no sabes, yo no sé, se supone que ambos deberíamos saber, o que al menos uno de nosotros debería saber para hacérselo saber al otro. Te excedes. Contigo sí. Y yo contigo. ¿Desde cuándo?. Desde que comenzamos a excedernos, pero yo amo los excesos y la adicción. Yo creo que también me gustan, pero no tanto, y sin embargo de ti aprendí a excederme en excesos, tal vez excesivamente. Ya deja de "excesivar". De acuerdo. ¿Qué sientes?. Un ardor. ¿Dónde?. Dimelo tú. Seguro en el muslo, o en un glúteo. No, en otro sitio, y no sé dónde. Sabemos nada.

¿Y cuándo comenzó el holocausto? ¿Cuándo comenzó el ardid?. Calla, bésame. No, mi labio inferior arde y duele. Sabes que quieres besarme aunque te duela. Siempre acertas. Deja de tocarme. ¿Por qué?. Deja de tocarme. Ok. Me encantas. Me encantas.

¿Cuándo comenzó tu sequedad?. No lo sé, pero yo soy tan esporádica como tú. Te extraño y tú no. No, yo te extraño pero tú más a mí. No es lo que debería ser. No, no no, sólo noes y noes. Tú me haces pensar en noes. Y tú a mí en nada. Eres tan perra a veces. ¿Ah?. Ya verás, te haré extrañarme. (Ya verás, te haré extrañarme... te haré extrañarme... te haré extrañarme... te haré extrañarme...)

Y tú, tú me brindas el golpe, me brindas los arañazos, me das la sangre y los testarazos. Parecen gustarte. Lastimosamente sí, me gustan tus garras. Lo sé, y también te gusta mi rechazo, y tocar mi sexo, y morder mis labios como yo los tuyos, y hacerlos doler. Y me encantas, pero no me gustas, y en cambio yo, yo no te gusto tanto como quisiera encantarte. Toca mi sexo. ¿Para qué?. Para pasar el tiempo. Ya verás, te haré... -Y la puerta se cerró, dejando el olor a sexo en el oxigeno y la rabia en los ojos-.